Subo el volumen de la música para no oír mis pensamientos. Pero cada pausa, cada silencio, cada cambio de canción, es una tortura. Y me arrancaría la cara si tuviera valor de hacerlo, o al menos rompería todos y cada uno de los espejos que existen en el mundo para no verme más reflejada en ellos. Para no ver lo que no soy, lo que todos, equivocados, pensáis que soy. Una cobarde, por pensar y por no querer hacerlo, por callar y por querer callar. Por recordar, y por querer olvidar.

Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde.Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde.

Y lo escribiré un millón de veces, como un niño castigado, si sirve de algo. Pero ni el peor de los castigos sería suficiente para hacer callar mi conciencia. Lo siento. Desde lo más profundo de mi maldito corazón, lo siento. Por muchos años que hayan pasado, yo ya no seré la misma nunca más.